¡No quiero tener caspa!

La caspa es otro de esos inconvenientes disimulables a los que no se presta atención hasta que alguien caspa IMDhace una observación y se convierte en un problema. Es entonces cuando la caspa empieza a decidir qué ropa nos ponemos o cómo nos peinamos: escogemos los recogidos y preferimos prendas claras, nunca jamás chaquetas o camisas oscuras.

Esta es la situación para el 50% de la población, que es la que aproximadamente sufre de caspa seca. Existe otro tipo de caspa, más serio, menos habitual: la dermatitis seborreica, o caspa grasa, de la que hablaremos más abajo. (Avance: si tu caspa no está acompañada de un enrojecimiento y descamación de la piel, no tienes por qué saltar directamente a por la dermatitis seborreica: no la sufres).

Por qué sale la caspa

La caspa es el resultado de una alteración en el proceso natural de regeneración que se produce en todas las partes de nuestra piel que generan grasa; lo habitual es que la caspa aparezca en la cabeza, pero también se puede dar en las cejas, las pestañas, los pliegues de las orejas, la nariz, las axilas, el ombligo o las ingles.

A lo largo de todo nuestro cuerpo la piel muere y se regenera. En las zonas de piel grasa, como la que se han descrito más arriba, habita el hongo malassezia furfur, que se encarga de acelerar el proceso de regeneración celular. Si la población de estos microorganismos es normal, las pieles muertas resultantes que se producen se van eliminando con una higiene normal, pero si hay demasiados hongos furfur, el proceso de regeneración se acelera y las pieles muertas se acumulan en forma de escamas de caspa que, ahora sí, son fácilmente visibles.

El malassezia furfur es el sospechoso habitual en cualquier caso de caspa, pero, como es habitual en los problemas relacionados con el cabello y la piel, existen otros condicionantes relacionados con la salud y los hábitos. Como la exposición a factores que pueden resecar el cuero cabelludo, como el sol, el agua salada, el frío y el viento; el uso de tintes y fijadores que dejan residuos; el estrés, las dietas poco equilibradas y los cambios hormonales; algunos problemas de piel, como eccemas, acné fuera de lugar o eritrodermia, entre otros; o incluso una herencia genética que pueda favorecer la proliferación de los mismos hongos furfur.

Cómo eliminar la caspa

Antes de plantearse solucionar el problema de la caspa es necesario tener en cuenta tres cosas: 1) tiene solución; 2) en la mayoría de los casos es un problema cíclico, así que deberás tratarte cada cierto tiempo, y 3) la caspa, pese a tener hongos implicados, no es contagiosa. Si la caspa es muy leve, apenas pequeñas partículas sólo visibles con algo de esfuerzo, cuidarse un poco más el pelo puede ser la solución: usar más a menudo el champú o, si ya se usa con esta regularidad, cambiarlo por uno suave. Así de fácil. Si la caspa alcanza ya forma de escamas, debe entrar en juego el champú anticaspa. Pese a que existan marcas que los anuncian en televisión, los champús anticaspa no se usan como los normales, sino que hay que reservarles un uso adecuado: tras su aplicación, el champú anticaspa será plenamente efectivo si se le deja actuar durante 5 minutos. Luego se puede usar el champú habitual. En casos graves de caspa seca se puede usar incluso champús con fungicidas para que ataquen directamente a los malassezia furfur.

No sólo caspa: dermatitis seborreica

La dermatitis seborreica, o caspa grasa, también produce escamas blanquecinas, si bien ése es el menor de los problemas. Esta enfermedad se caracteriza por la formación de costras en el cuero cabelludo, lo que provoca enrojecimiento, picores, infecciones y, en algunos casos, pérdida del cabello; no en vano, la dermatitis seborreica puede ser un factor desencadenante de la alopecia cicatrizal. En estos casos quedan descartados los cuidados dirigidos únicamente a paliar los problemas de caspa, y se hace obligatorio el examen de un dermatólogo.

Aunque los síntomas no sean tan aparatosos como en la dermatitis seborreica, los bebés también puede sufrir una afección parecida: la costra láctea. En este post explicamos cómo tratar la costra láctea en bebés.

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