Cómo trabajar sin estrés

Muchas veces, cuando nos dan la receta para reducir el estrés, nos dicen que hay que hacer más deporte, comer mejor y hacer más ejercicio. Y la pregunta que nosotros nos hacemos es ¿cuándo?. ¿Cuándo voy a hacer más deporte si apenas llego a casa para cenar? ¿Cuándo voy a comer mejor si después de cenar (porque he llegado tarde, otra vez), no me da tiempo a cocinar? O ¿cuándo voy a dormir más si a las 2 horas de dormirme a las 3:00 me despierto con hojas de cálculo persiguiéndome? Son soluciones muy válidas para el estrés: cuando las haces, te olvidas del estrés. Pero la clave es que necesitan tiempo y, si tienes tiempo para hacer esas actividades, ¡entonces no tienes estrés! Si tienes estrés, no tienes tiempo para perder en actividades antiestrés. En el post de hoy partiremos de esa idea para solucionar el estrés: atacar directamente a la causa, que no es otra que el mismo estrés.

Mujer practicando meditación para evitar el estrés

El estrés siempre va a existir

Es un hecho. Por muy bien que lleves un trabajo o muy tranquila que esté terminando la semana, el viernes vas a recibir una sorpresa en forma de tarea extra y urgente, muy urgente, para ayer. Esta forma de trabajar es normal (tristemente) si trabajas para alguien que debe supervisar tu trabajo de algún modo. Y es un problema que siempre pasa. En unos días empezará la Semana Santa en España, pero el ejemplo nos vale para cualquier otro periodo prevacacional ¿Has recibido ya el email donde te cuentan que el cliente, que quería un informe para la semana próxima, lo quiere en realidad para esta misma semana porque luego están los festivos y es complicado reunirse, porque alguien se va de viaje, porque…? Pues ese email podría llegar. Fácilmente. Y lo mismo ocurre a partir del jueves. El viernes es el momento idóneo de la semana para recibir esta clase de sorpresas y empezar el fin de semana a las 8 o 9 de la tarde.

El estrés existe, así que hay que prepararse para ello. ¿Cómo se consigue? Con previsión. Simplemente prevé que cuando todo esté en calma, ¡mal asunto! Vas a recibir un email o una llamada con una sorpresa.

La previsión es la clave

Prever sorpresas es importante, pero esta previsión tiene que tener su importancia cuando planifiques. De nada vale ser previsor/a si planificas tu semana y no reservas ningún bloque de tiempo que puedas usar en caso de que te llegue una sorpresa. Un tiempo de reserva te da el suficiente margen de maniobra como para poder asumir un encargo inesperado sin que tengas que ir con el agua al cuello. Es una receta infalible para reducir el estrés. Si hay tiempo, no hay estrés.

Reserva este tiempo extra siempre. Lo peor que puede pasar es que tengas que invertir este tiempo extra en un encargo de última hora. ¿Lo segundo peor? Que no tengas que usarlo y te quede un rato libre para otras tareas. Piénsalo, ganas siempre.

Lo urgente y lo importante

En otro post ya hablamos sobre esto, así que seremos breves: lo urgente es lo que tienes que hacer para mantener tu negocio o tu puesto de trabajo, es decir, el trabajo del día. Es urgente porque el cliente, o tu jefe/a, lo necesita en una fecha determinada. Lo importante. Es lo que mantiene a flote tu negocio o tu puesto de trabajo a largo plazo. Es todo lo que tiene que ver con los aspectos que no son del día a día pero que hay que hacer. Temas de administración, analizar a la competencia, formación, etc.

El error habitual es llenar el día de tareas urgentes y olvidarse de las importantes hasta que se convierten en urgentes. No lo hagas. La solución para esto pasa por clasificar bien las tareas, planificarlas y cumplir con el plan de trabajo. Si no tienes estrés, tienes tiempo, y si tienes tiempo, puedes reflexionar sobre qué tareas son urgentes y cuáles son importantes. Las dos hay que hacerlas, pero la clave es determinar cuáles van primero.

Mujer asertiva diciendo no

Decir que no (con educación)

Si cuando llega el jueves por la tarde, tu jefe/a se convierte en una máquina de lanzar encargos sorpresa, poco puedes hacer para tener una vida sin estrés. Salvo que cuentes con un buen colchón de tiempo para imprevistos. Y si esto no es suficiente porque los encargos llegan siempre, no hay lugar para la tranquilidad, entonces quizá sea el momento para que respondas a las sorpresas con noes. Si tu jefe/a es razonable, comprenderá que tu petición sólo busca garantizar la calidad del trabajo, y pensará que tienes razón, que más vale entregar algo a tiempo y con calidad que encargar algo para ayer que se haga deprisa y corriendo. Si no es razonable, entonces no queda mucho por hacer más que insistir en los consejos 1, 2 y 3.

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