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Hasta el último momento hemos dudado acerca de incluir, o no, el peine, pero lo hemos descartado puesto que no se puede hablar tan categóricamente de un invento cuando se puede sustituir fácilmente por los dedos de una mano. Para nosotros el top5 está muy claro: las tijeras, el secador, el champú, el rizador y el tinte.

Imagen de cepillo, secador, tijeras, rizados, peines, etc. de peluquería

Tijeras: con ellas se inauguró la peluquería

La idea es tan simple que hoy nos cuesta pensar en las tijeras como un invento. Desde luego las tijeras no son un ingenio moderno, hay pruebas de que ya existían en la antigua Mesopotamia, hace más de 4.000 años.

Eso sí, las primeras tijeras no eran como las actuales: con dos hojas de acero unidas por un remache y terminadas en un arco para meter los dedos. Consistían en dos cuchillos de bronce unidos en su parte inferior por otro componente de bronce. Si las tijeras modernas forman una X cuando están abiertas, su versión más antigua parecía una U. Egipcios y romanos las perfeccionaron con nuevos materiales que permitían más filo, pero no fue hasta el siglo XVIII cuando empezaron a venderse en masa unas cómodas tijeras para usar en casa.

Secador: hoy sí es seguro secarse el pelo

¿Y si no existiera una forma segura de secarse el pelo? Parece una pregunta trampa pero no lo es. Oficialmente, el primer secador es obra de Alexander Godefroy, un francés que creyó inventar el secador alrededor de 1890. Creyó inventarlo, pero lo que hizo fue una especie de chimenea atrapa-humedad. Literalmente, metió a su mujer bajo la chimenea de su casa, configuró la salida de humo para que absorbiera la humedad y voilà! Invento conseguido.

Imagen en dibujo que representa cómo era el primero secador de pelo, hay una mujer sentada en un sillón con el secador en la cabeza

Fuente Encyclopedie Larousse Illustree, 1900. Wikipedia.

Los primeros secadores de verdad llegaron en los años 20 del siglo XX en forma de enormes campanas y tubos metálicos que expulsaban aire caliente. El mecanismo era muy sencillo y peligroso, el aire pasaba a través de una resistencia caliente, por lo que las descargas eléctricas eran un riesgo y a veces las peluquerías perdían clientas.

Durante las siguientes décadas se aumentaron las medidas de seguridad de los secadores de las peluquerías y se introdujeron los modelos domésticos, que se popularizaron a partir de los años 50.

Champú: el jabón no es para el pelo

Si hablamos del champú como hoy lo conocemos, un jabón líquido para el cabello, sólo podemos apuntar en una dirección: Hans Schwarzkopf, pues lo inventó en 1927. Pero si hablamos del champú como algo que se echa al cabello para lavarlo, entonces tenemos que hablar de la India y del siglo XVI.

El champú original era una sustancia a base de agua y hierbas con la que los indios untaban el cuerpo y el cabello. El propio nombre, champú, proviene del inglés shampoo que es una versión moderna de la palabra en sánscrito que significa amasar. Los ingleses que volvieron de la India en el siglo XIX popularizaron el uso de ungüentos para el cabello, costumbre que hoy se practica en todo el mundo.

Rizador: llegaron los rizos, los bucles y las ondas

A lo largo de la historia encontramos varias ideas fundamentales que se repiten en todas las épocas. Una de ellas es que nadie está contento con el pelo que tiene. Quienes tienen el cabello negro, lo quieren más claro; quienes lo tienen liso, lo quieren rizado. Así ocurrió en la Roma Clásica, los hombres y las mujeres rizaban sus cabellos gracias a unas tenazas calentadas al rojo vivo.

Algo parecido hicieron en el Barroco, época en la que prácticamente el 100% de las pelucas eran rizadas. El rizo era popular en aquellos años pero no se puede hablar de un invento propiamente dicho todavía, los bucles barrocos se conseguían enrollando las pelucas en listones de madera y dejándolas en hornos.

El primer gran invento para rizar el cabello llegó a finales del siglo XIX de la mano de Marcel Grateau: unas tenazas de hierro que, bien calientes, presionaban el cabello y creaban ondas. No eran rizos propiamente dichos pero la idea estaba ahí.

Imagen de una modelo sobre la que se han hecho ondas en el pelo para comprobar los primeros moldeados y rizos

Edna Fearon, model the Marcel Wave. Wikipedia

Años después, Karl Nessler patentó una máquina que enrollaba el cabello en cilindros calientes y fijaba unos rizos duraderos. Si se chamuscada el pelo o no, era un tema menor.

A partir de los 30 la fórmula del cilindro fue perdiendo fuelle y aparecieron las soluciones químicas, esos geles de olor inaguantable que se vertían sobre el cabello y ayudaban a formar rizos gracias a los rulos.

Tinte: ¿No te gusta el color de tu cabello? ¡Cámbialo!

Cambiar el color del cabello también ha sido una preocupación constante en cualquier época. Los romanos ya usaban remedios naturales para colorear sus cabellos y lo mismo hicieron las mujeres pudientes del Renacimiento que buscaban el rojo isabelino (la cabellera pelirroja de Isabel I marcó una época) o el rubio tan habitual en las cortes mediterráneas de hace 400 años.

Pero el gran invento del tinte llegó a comienzos del siglo XX. Eugene Schueller, más conocido como el fundador de L’Oreal, patentó el primer tinte sintético en 1907 y dio comienzo a la cruzada anti-canas que llega hasta nuestros días.

 

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