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La inflamación es uno de esos conceptos que son corrientes para los expertos en salud pero que, de la noche a la mañana, se vuelven comunes en cualquier conversación. Hay muchos ejemplos: colesterol bueno y malo, cortisol, índice glucémico, dietas détox (mentira: no hay ningún experto que haya hablado de esto antes; es un invento de las marcas) y un largo etcétera. En el post de hoy hablaremos de la inflamación, qué es y qué la provoca.

La inflamación es un mecanismo de defensa y reparación de nuestro cuerpo. A diferencia de otros comportamientos internos, la inflamación sí es visible. ¿Recuerdas cuando te cortaste un dedo y éste se hinchó y se puso rojo? Eso mismo es la inflamación. Ante una amenaza, nuestro sistema inmunológico traza un cordón de seguridad en la zona del problema, lo aísla y lo trata. Los cortes o los golpes inician todo ese mecanismo y nos permiten ver a nuestras defensas en acción, pero también sucede lo mismo dentro del cuerpo, cuando nuestro organismo se enfrenta a virus y bacterias perjudiciales.

inflamación

Tenemos entonces que la inflamación es un proceso beneficioso para nuestro cuerpo, así que ¿cómo puede convertirse en algo negativo? Porque la inflamación es un estado de emergencia. Pensemos en un país: ante problemas graves, un país decreta el estado de emergencia, una medida excepcional que cambia totalmente la forma habitual de funcionar y que busca resolver, cuanto antes, ese problema grave. Con la inflamación pasa lo mismo. ¿Podría funcionar nuestro cuerpo en un estado de emergencia permanente? Por supuesto que no. De hecho, ese problema tiene un nombre: inflamación crónica.

La inflamación crónica es exactamente lo que parece: el cuerpo cree que está en permanente peligro y alarga ese estado de emergencia. El organismo pasa del modo Vida normal, donde todo funciona, al de Detener problema, donde el objetivo prioritario es detener aquello que esté causando daños al cuerpo. En consecuencia, se produce un desgaste que abre la puerta a la aparición de otras enfermedades y dolencias, como alergias, artritis, arterioesclerosis, diabetes o incluso cáncer.

¿Cómo se puede evitar la inflamación crónica?

Hay dos causas habituales de la inflamación crónica: una, que lo que provoca la inflamación sea una dolencia que se repite habitualmente, lo que conlleva que también habitualmente se active la inflamación; y dos, que la inflamación no sea suficiente para combatir la dolencia y hacerla desaparecer, con lo que la inflamación se vuelve permanente. ¿Cómo evitarla entonces? Pues eliminando el riesgo de sufrir dolencias que activen la inflamación. Aquí entran en juego los hábitos saludables: hay que moverse, hay que descansar y hay que comer bien.

Hablemos de moverse

Un estilo de vida sedentario, con nuestras posaderas apoyadas durante horas en asientos diversos (silla de la oficina, asiento del autobús o del metro, silla del salón, sofá…) es una invitación a que nuestro organismo se relaje. Y un organismo relajado es una máquina que funciona a medio gas y que, cuando tiene que responder ante cualquier reto, se acobarda porque está débil. Piensa en constipados, ronqueras, infecciones por hongos, virus… Un organismo sano puede con todo eso sin esforzarse; un organismo débil necesita ponerse serio. ¿Y qué pasa si el organismo se pone serio? Que se inflama.

Por eso, una buena medida para evitar la inflamación es tener una vida activa, un día a día que exija a nuestro organismo que esté saludable y vital. Y para esto tenemos que movernos.

Hablemos ahora de descansar

Una persona descansada tiene menos posibilidades de estresarse. Primero, porque está descansada, y segundo, porque al estar más despierta comete menos errores y se estresa menos. Rápidamente hemos hablado de que la falta de sueño conduce al estrés. ¿Por qué introducimos el estrés? Porque el estrés genera cortisol, la llamada hormona del estrés, que es un resorte natural de la inflamación.

buen descanso

El cortisol es la solución de nuestro organismo a una situación de estrés, y una de las primeras medidas de esta hormona es activar la inflamación si procede. Por tanto, mejor sueño, menos estrés; y menos estrés, menos inflamación.

Y hablemos, por último, de comer bien

Hay alimentos que mantienen a raya la inflamación, igual que hay otros que la provocan. Entre los que la provocan estarían los sospechosos habituales: los carbohidratos insanos, como el azúcar, que aumentan el riesgo de desarrollar resistencia a la insulina y de padecer diabetes; y los alimentos ricos en grasas trans, que tienen altos niveles de colesterol malo. Como alimentos antiinflamatorios destacan los ricos en vitaminas (verduras, huevos, carnes, pescados y frutos secos), los que tienen mucho más Omega 3 que 6 (pescados azules como la caballa o la sardina) y los que contienen grasas monoinsaturadas, que rebajan el colesterol malo y aumentan el bueno (aceite de oliva y frutos secos).

dieta

Así que si quieres evitar la inflamación, no olvides moverte, dormir bien y tener una dieta saludable.

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