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Niño llorando ante muchos regalos en el árbol de Navidad

En los últimos tiempos hemos detectado un incremento de un fenómeno al que se le ha dado el nombre de “síndrome del niño hiperregalado”. Debido a la sociedad en la que vivimos, la falta de tiempo para conciliar la vida familiar y laboral y el creciente consumismo hace que hagamos una cantidad desorbitada de regalos a los niños, algo que se nota sobre todo en la época navideña y en los cumpleaños. En estas épocas, los niños reciben tal cantidad de regalos que es imposible que presten atención a todos ellos. Lo que suele suceder, en la mayoría de los casos, es que los niños prestan a atención a un par de regalos sin tener en cuenta los demás. Además, curiosamente, casi nunca suele el que mayor cantidad ha costado o el que el adulto suele pensar que le hará mayor ilusión.

¿Por qué se produce este síndrome?

  • El consumismo. Los adultos consumen en mayor cantidad de lo que necesitan, siendo incapaces de distinguir entre lo que realmente es necesario y lo que no lo es.
  • La falta de tiempo que le dedicamos a nuestros hijos. Tratamos de suplir esa carencia de tiempo con regalos.
  • Evasión de conflictos. Llegamos cansados a casa y si nuestros hijos nos piden algo que pueda generar un conflicto con nuestra negativa sucumbimos a su petición.
  • Satisfacción personal por poder regalar a nuestros hijos las cosas que desean.

En realidad, lo que intentamos es disminuir el sentimiento de culpa que tenemos al no prestarle a nuestros hijos el tiempo que nos demandan.

Sin embargo, este exceso de regalos siempre tiene consecuencias negativas para ellos. Entre las más importantes destacarían las siguientes:

  • Contribuimos al que niño no de ningún valor al objeto regalado.
  • Pérdida de ilusión.
  • Baja tolerancia a la frustración. Como están acostumbrados a que les demos todo lo que piden los niños llegan a pensar que la sociedad funciona así y en el momento que no se cede a sus deseos reaccionan con ira y enfado.
  • La imaginación se deteriora empobreciéndose. Son tantos los estímulos a los que tienen que prestar atención que el niño es incapaz de concentrarse en todos ellos.
  • Los niños terminan basando su felicidad en la cantidad de cosas que tienen.

Por lo tanto, en lugar de “inundar al niño de regalos” es recomendable hacer una selección de lo que se le va a regalar y que exista un consenso con el resto de familiares y/o allegados, para que todos se comporten de manera similar.

De la misma forma, debemos invertir e involucrarnos en la educación de nuestros hijos enseñándoles los valores necesarios que les hagan valorar las cosas que tienen.

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