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Hace casi dos mil años, Corea adoptó el budismo bajo el mandato del rey Wang Geon, fundador de la dinastía Koryo (o Goryeo). Irónicamente, al mismo tiempo empezó a surgir una tradición que poco tenía que ver con la simpleza y la modestia, el gache. Se trata de una peluca, elaborada con cabello natural, con la que se acrecentaba y hacía más vistosa la cabellera femenina.

Al principio, se utilizaba un gache trenzado dispuesto de manera relativamente sencilla, pero con el tiempo las pelucas se fueron complejizando cada vez más, hasta convertirse en verdaderas obras de arte de unos 40 cm de alto. Además del pelo trenzado y dispuesto de maneras decorativas, el gache incluía accesorios de seda, plata y piedras preciosas y semipreciosas. Un gache podía pesar entre 3 kg y 4 kg.

Mientras más alta la clase social, más elaborado, grande y pesado el gache. Pronto se convirtió en un símbolo de estatus y en un objeto del deseo. Algunos adornos y tipos de peinados estaban reservados para las clases reales, mientras que otros pertenecían exclusivamente a las kissaeng, mujeres dedicadas al entretenimiento de la corte.

El cabello para elaborar los gaches se obtenía de monjes budistas, prisioneros y personas pertenecientes a las clases sociales más bajas. A medida que la magnitud de los gaches crecía, la oferta y la demanda se desequilibraba, ocasionando un aumento en el costo de las pelucas. En su época de máximo esplendor, un gache nupcial podía llegar a costar diez veces más que una pequeña casa.

Miss Corea. Foto de phanvanthanh en Flickr

La tradición dictaba que eran los suegros quienes debían proporcionar el gache a la novia. La novia no podía entrar oficialmente en la casa familiar sin él. Los costos exorbitantes de los gaches ocasionaron grandes problemas sociales: las familias de clase media se endeudaban y pasaban años ahorrando para poder pagarlos, retrasando así los tiempos naturales de las bodas; mientras que las clases bajas quedaban privadas del derecho al matrimonio, no pudiendo cumplir con el requisito ceremonial.

Existe, además, registro de la muerte de una novia de 13 años, cuyo cuello cedió bajo el peso del gache.

En 1757, bajo la dinastía Joseon, el rey Yeongjo prohibió el uso del gache. Sin embargo, la tradición fue más fuerte que la ley: el uso continuó hasta que el 1788 arreciaron las restricciones. Los anales del año 12 de Yeongjo rezan:

No existen en este mundo leyes perfectas ni que satisfagan a todas las partes. Pero creo que esta prohibición es una excepción a la regla. ¿No es acaso una ley perfecta si nos llevará de la extravagancia a la frugalidad? Una costumbre civilizada reemplaza a una bárbara, ¿no satisface eso a todas las partes? (…) Lo que comenzó como una forma de arreglar el cabello femenino, se ha transformado en un estilo que perjudica a quien lo usa (…). A las personas entregadas a la extravagancia ni siquiera les importaba quedar en bancarrota, mientras que los pobres llegaron al punto de no poder casarse por no poder costear las pesadas pelucas. Es importante acabar con esta práctica detestable. Así que no me diga que la moda femenina no tiene nada que ver con los asuntos de estado.

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