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3 novembre 2016

Mirada al pasado (IV): el origen del champú

Aunque lo habitual cuando hablamos de productos para el pelo sea retroceder hasta los egipcios, quizá la civilización más preocupada por su cabello de toda la Historia, si hablamos de los orígenes del champú, tenemos que irnos a otro sitio muy diferente. Pero hay que decir antes que hoy hablaremos del champú, como producto, no de la limpieza del cabello, asunto mucho más complicado de rastrear. Dicho esto: ¿cuándo aparece el champú?

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Una práctica india

Antes que producto, el champú era una práctica, y consistía en masajear la cabeza con aceites y hierbas aromáticas. El cuándo es desconocido, pero sí se sabe el dónde: en la India. Quienes podían permitírselo pasaban ratos agradables en salones donde disfrutaban de estos masajes, llamados chāmpo.

Con la colonización de los británicos, iniciada en el siglo XVII para hacerse con el comercio de especias, el intercambio cultural era cuestión de tiempo; avanzadas unas décadas, algunas costumbres indias empezaron a llegar a los puertos britñanicos. Una de estas costumbres fue precisamente la de los salones de masaje capilar, los salones de chāmpo.

sindo-espa%e2%94%9c%e2%96%92a-a%e2%94%9c%e2%96%92os-60En una sociedad tan amante de los clubes privados como la Victoriana, con sus restaurantes, bibliotecas, salas de fumadores y clubes de tenis donde sólo podía acceder una limitadísima cantidad de hombres ricos, los salones de chāmpo tenían el éxito asegurado. Y así fue.

Salones de champú para los victorianos

herbal-essence-70sLos primeros salones, que datan de mediados del siglo XVIII, estaban regidos por indios llegados desde el país asiático, pero poco a poco algunos ingleses fueron abriendo sus propios salones. Es probable que la intención de los salones de chāmpo indios fuera solamente dar un masaje relajante y que el cliente saliera sosegado y con un cabello con olor floral. Pero los ingleses, ya avanzado el siglo XIX, quisieron darle también una función higiénica, y empezaron a utilizar jabón. Para conseguir una mayor emulsión jabonosa, los masajeadores ingleses hervían el jabón y añadían hierbas aromáticas, como antes hicieron los indios.

El resultado fue que las cabezas pudientes iban más limpias que nunca, lo cual tampoco era algo que se premiara −en el siglo XIX había una recomendación no escrita que decía que el pelo había que lavarlo una vez al mes−. Pero también apareció un problema sorprendente: el uso de aquellos jabones provocaba irritación en el cuero cabelludo. Para evitar el problema, se buscaron fórmulas más equilibradas, menos jabonosas. No fue complicado encontrar nuevos químicos que mantenían el poder limpiador del jabón al tiempo que eran menos agresivos que las pastillas que se usaban para el resto del cuerpo. A mediados del siglo XIX ya se podía hablar de champú, un producto específico para el cabello que limpiaba y daba brillo.

El champú que se vende

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Aunque extendidos por los salones, no fue hasta el primer tercio del siglo XX cuando se empezaron a comercializar los primeros productos. Al principio las soluciones eran más líquidas que los productos de hoy, y se vendían en botellitas de cristal. Para agilizar las ventas, los comerciantes añadían todo tipo de propiedades ventajosas a los productos: hacían crecer los cabellos, reafirmaban el color, facilitaban el peinado. En la mayoría de los casos estas propiedades añadidas eran falsas.
Los champús con apellidos no explotarían hasta la llegada de la fiebre consumista de después de la Segunda Guerra Mundial. Los fabricantes, preocupados porque los consumidores no eran capaces de distinguir entre los productos de unos y de otros, empezaron a dirigir sus productos hacia mercados concretos: champús para niños, para cabellos dañados, para cabellos grasos… Y de ahí pasamos a la enorme diversidad de champús que podemos encontrar hoy en los supermercados.

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