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La pérdida de cabello en otoño es una consulta común en las clínicas dermatológicas que la mayoría de pacientes asumen como fisiológica, pero numeroso científicos se han preguntado alguna vez si, en el caso de que se produzca, es en verdad un proceso natural.

Por ello, diversos estudios científicos han buscado la relación existente entre la caída del cabello y los cambios de estación, así como el paralelismo que puede establecerse en este tema entre los humanos y el mundo animal.

La caída del pelo en los animales

El pelo en los mamíferos desempeña un papel importante para su aislamiento térmico, la percepción sensorial y como defensa frente a daños físicos, químicos y microbiológicos de la piel. Los cambios adaptativos en la longitud y densidad del pelaje según el periodo estacional –la muda- es un hecho evidente en ellos y constituye un mecanismo termorregulador. Esta explicación de los cambios estacionales del pelo en los animales, ¿se puede trasladar al ser humano?

La caída del pelo en los humanos

La actividad de crecimiento cíclico del pelo en el hombre se desarrolla de tal manera que se consigue mantener una cubierta capilar uniforme de forma constante. No obstante, los seres humanos responden a las variaciones de la duración del fotoperiodo cambiando la secreción de melatonina, prolactina y otras sustancias que modifican el efluvio telógeno fisiológico, que se ve afectado por la manipulación artificial de los fotoperiodos a través de la iluminación urbana.

Diversos estudios han relacionado la caída del cabello con los cambios de estación.

Diversos estudios han relacionado la caída del cabello con los cambios de estación.

Diversos estudios han identificado en hombres caucásicos sanos de edades comprendidas entre 18-39 años un único ciclo anual con un 90% de los cabellos en fase anágena (fase del crecimiento del folículo piloso) en primavera, cayendo esta cifra hasta el 80% en otoño. Otro dato importante es que se registró un incremento de más del doble de la caída de pelo otoñal en mujeres y hombres.

Estos datos guardan cierto paralelismo con las mudas de primavera y otoño de muchos mamíferos de climas templados. La influencia del estrés y otros factores emocionales influyen en algunos casos en dichos cambios estacionales.

Por tanto, la pérdida de cabello puede incrementarse, tanto en hombres como en mujeres, durante el pico de caída otoñal en los países templados como respuesta a los cambios hormonales inducidos por el fotoperiodo.

Estas variaciones pueden tener importantes implicaciones en la evaluación de nuevas terapias o tratamientos dirigidos a estimular, inhibir o eliminar el crecimiento del pelo, ya que las mediciones realizadas en dichas investigaciones deberían llevarse a cabo, al menos, a lo largo de un año para evitar así que las variaciones estacionales naturales desvirtúen los resultados de los estudios.

(Este texto ha sido elaborado a partir de datos de un artículo publicado por la doctora Aurora Guerra).

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