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Lograr la eterna juventud es algo que todavía suena a ciencia ficción, pero… ¿y si no fuera así? ¿Y si la ciencia diera un paso más allá y vislumbrara un camino?

A día de hoy, el concepto de la eterna juventud sigue siendo una utopía, pero los continuos avances en distintos proyectos de investigación médica permiten que comprendamos cada vez mejor los procesos naturales que provocan el envejecimiento. Y es esta comprensión la que puede conducir a un camino que nos acerque a descubrir posibles procesos de rejuvenecimiento.

Es el caso de las investigaciones relacionadas con el ADN mitocondrial llevadas a cabo en la Universidad de Alabama, en Estados Unidos. En el curso de estas investigaciones se consiguieron revertir con éxito efectos propios del envejecimiento como la pérdida de cabello o las arrugas en la piel, que previamente habían sido provocados ad hoc en ratones de laboratorio.

¿Qué es el ADN mitocondrial y cómo afecta al envejecimiento?

Las mitocondrias son los orgánulos que se encargan de proporcionar la energía que las células necesitan para llevar a cabo sus funciones vitales. Cada mitocondria dispone de su genoma particular, llamado ADN mitocondrial. Este ADN tiene una baja capacidad de reparación, por lo que pueden encontrarse distintas versiones de ADN “mutante” dentro de una misma célula. La acumulación de estas mutaciones a lo largo del tiempo contribuye al proceso de envejecimiento y al desarrollo de enfermedades relacionadas con la edad.

Además de las mutaciones, hay estudios que sugieren una disminución en el contenido de ADN mitocondrial y el número de mitocondrias con los años. Se estima que los seres humanos pierden, en promedio, alrededor de cuatro copias de ADN mitocondrial cada diez años.

El experimento

Los investigadores diseñaron un experimento en el que se utilizaba como activador un antibiótico (la doxiciclina) para inducir la disminución de ADN mitocondrial en ratones. A las semanas de producirse una disminución generalizada de este ADN, los roedores presentaban pérdida de cabello, con un mayor número de folículos pilosos disfuncionales y respuestas inflamatorias, además de arrugas en la piel y letargo, signos todos ellos del proceso de envejecimiento natural que en este caso se había provocado de forma acelerada.

Para corroborar que la disfunción mitocondrial era la causa subyacente de estas alteraciones se trató de revertir el proceso mediante la retirada de este fármaco. Un mes después, las arrugas de la piel y la pérdida de cabello se habían revertido, desapareciendo estos signos de envejecimiento y logrando que los animales implicados en el experimento parecieran relativamente normales en comparación con otros de la misma edad en los que no se les había inducido la pérdida de ADN mitocondrial previa.

Uno de los hallazgos fundamentales de este estudio es que la disminución generalizada del ADN mitocondrial conduce a signos como la piel arrugada y la caída del cabello acompañada de un fenotipo inflamatorio. Tanto la piel arrugada como la caída del cabello son características típicas del envejecimiento de la piel y los cambios fenotípicos asociados al envejecimiento en los seres humanos. Se descubrió a su vez que estos cambios fenotípicos relativos al envejecimiento podrían revertirse en los ratones del experimento al restaurar el contenido de ADN mitocondrial al nivel natural.

Es este último un descubrimiento que no tenía precedentes hasta ese momento y el principal hallazgo de una investigación que abre la puerta a la esperanza de que estos resultados puedan extrapolarse al ser humano.

De ser así, podrían proporcionar la base para el desarrollo de futuros tratamientos preventivos y terapéuticos que, mediante la modulación de las funciones mitocondriales, puedan luchar de forma efectiva contra signos del envejecimiento como la caída del cabello y el descolgamiento de la piel. Un paso más que nos acerca a una ciencia ficción que cada vez se vislumbra más real.

 

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