Llámanos al 91 123 07 12Solicitar consulta

Al escuchar la palabra animación solemos pensar en ordenadores, programas avanzadísimos de diseño, profesionales gráficos y, también, mucho dinero. Igualmente, de primera tirada, se nos vienen a la cabeza las películas de animación que nacieron en los 90. Sin embargo, si hacemos un poco de memoria, recordaremos que había vida en los dibujos mucho antes del uso de estas tecnologías.

Todo empezó hace más de 30.000 años…

Los artistas rupestres ya se enfrentaron a la necesidad de que sus dibujos reprodujeran la realidad lo más fielmente posible. Es por esto que, a la hora de pintar los animales que los rodeaban, los dotaron de cuatro pares de patas o los hicieron en secuencias de imágenes para intentar mostrar que estaban en acción.

El caballo en movimiento

Un día de 1872, en California, un grupo de aburridos y acaudalados hombres se debatía sobre la mecánica del trote del caballo: unos sostenían que había un momento de la carrera en el que ninguna de las patas del caballo tocaba el suelo, mientras que los otros lo negaban. Tristemente, no había manera de comprobar quiénes, entre estos ilustres caballeros, tenían la razón.

Un fotógrafo inglés que se encontraba en la zona llevó a cabo un experimento con la intención de desvelar el misterio. El primer intento fracasó por limitaciones técnicas, pero un Muybridge más experimentado lo retomó un año después, logrando capturar 12 fotografías secuenciales de 30 segundos de carrera de la yegua Sally Gardner con las que haría historia.

Los editores hicieron el resto: cinco años más tarde, la revista Scientific American publicó una serie de grabados, hechos a partir de negativos de Muybridge, que debían ser recortados y montados en un zoótropo. Se trata de un disco que, hecho girar, crea la ilusión de movimiento. ¡Voilá!, la animación, tal y como hoy la conocemos, había sido inventada.

¿Y el pelo del caballo?

Muybridge sacrificó el detalle por la nitidez. Para conseguir su propósito de estudiar el movimiento del caballo, necesitaba ver la silueta del caballo, pero no todos los detalles de la fotografía. Es por esto que disparó fotografías subexpuestas —más oscuras de lo normal—. El pelo del caballo, entonces, pierde detalle y se convierte en una silueta uniforme.

Algo similar pasa con los primeros dibujos animados. Hacer una tira animada significaba dibujar una y otra vez la misma escena con variaciones mínimas, por lo que los dibujos debían ser muy vistosos y atractivos pero, a la vez, simples.

Este es el caso del primer largometraje animado de la historia: El apóstol, realizado en Argentina por Quirino Cristiani. Lamentablemente, esta película se perdió, pero es posible ver una muestra del trabajo de Cristiani aquí:

El pelo de animales y personas no es más que una silueta que alude a su textura: lisa o rizada. Lo mismo sucede con Félix, el gato. También en la primera animación con audio sincronizado el pelo y las plumas de los animales protagonistas no son más que irregularidades en su silueta y algunas pocas líneas sueltas:

Las superproducciones

En 1915 los hermanos Fleischer idearon la rotoscopia, o el proceso Fleischer, que permitía calcar los dibujos y modificarlos para hacer movimientos más fluidos según lo que se fuera a mostrar en cámara. Con esta técnica nacieron Popeye y Betty Boop.

La ilustración y posterior animación digital facilitaron la creación de personajes más detallados y peludos, pues es posible duplicar de forma automatizada los diseños y crear las variaciones sobre una misma base. Sin embargo, aún hoy sigue existiendo una diferencia notable entre las producciones pequeñas (los dibujos animados para la televisión) y aquellas destinadas a la gran pantalla —o a otro tipo de fines, como espectáculos y campañas publicitarias—.

En los albores de los largometrajes de animación incluso superproducciones como las de Disney no tenían la capacidad técnica para realizar un pelo demasiado realista. La primera película de esta casa fue Blancanieves y los siete enanitos:

Y de ahí siguieron todas las grandes películas animadas que han marcado la vida de grandes y pequeños.

La persistencia de la tradición

Más realistas, y más similares a las primeras animaciones, son las películas creadas en stop motion. Se trata de objetos reales con los que se crean fotografías cuadro a cuadro que, pasadas a gran velocidad, crean la ilusión de movimiento. El viejo truco.

Aunque no tenga nada que ver con pelo, uno de los ejemplos más recientes e impresionantes de esta técnica es la película Loving Vincent, en la que se animaron un total de 65.000 pinturas al óleo pintadas por 125 pintores al estilo de Vincent Van Gogh a partir de sus pinturas originales.

La era digital

En 1973 los Laboratorios Bell comenzaron a trabajar en técnicas de digitalización para empezar la era de la animación digital, que llegó de forma estable a la televisión un año antes que a la gran pantalla.

En 1995 se estrenó la primera película completamente animada en computadora: Toy Story. En el proceso trabajaron 110 personas, en contraste con las 800 que habían colaborado en la animación de El rey león apenas un año antes. La computadora había llegado para quedarse.

A pesar de los avances tecnológicos, el pelo de la primera Toy Story seguía siendo extremadamente precario (incluso más que el de las películas animadas de forma tradicional). Dejando de lado los juguetes, el pelo de los humanos y del perro de Sid dejan mucho que desear.

El pelo hiperrealista

En 2002 llega al cine Monsters, Inc., probablemente la primera superproducción con pelaje hiperrealista de la animación digital. Gracias a modelos 3D que simulan el movimiento y las dinámicas físicas, contamos ahora con un gran número de personajes peludos dotados de pelo “de verdad”.

Y cada vez que creemos que hemos alcanzado la cima, el cine nos sorprende con nuevos retos. En 2016 aparece Zootopia, con un elenco enteramente animal, compuesto por 64 especies distintas. Guion aparte, realizar esta película fue una verdadera proeza. Los animadores investigaron largamente el pelo de los animales y concluyeron que cada pelaje era distinto en tamaño, densidad y textura. Además, para lograr hacer que el pelo fuera realista, no debían pensar en el pelaje como un todo, sino en cada pelo como una unidad —cosa que ya se sabía desde hacía un tiempo—.

Zootopia requirió de la creación de un nuevo lenguaje de programación que permitiera manipular cada pelito de los 800.000 modelos de personajes. Para hacerse una idea del volumen de trabajo que implicó la película, basta pensar que un ratón tiene 480.000 pelos —80.000 más que la cabellera de Elsa en Frozen, creada apenas tres años antes— y una jirafa, alrededor de 9.000.000.

Los remakes

Desde hace unos años, parece que la industria cinematográfica se ha propuesto rehacer todas las películas animadas de éxito, ahora con las técnicas novedosas de animación y, en la mayoría de los casos, combinándolas con otras técnicas modernas, como el live action. Es así como recientemente hemos podido disfrutar de una nueva faceta de algunos de los pelajes más amados, como el de El rey león.

Hoy en día hay trabajos de animación tan detallados que hacen muy difícil distinguir si se trata de personajes reales o simulados. Curiosamente, los efectos más realistas se consiguen imitando pequeñas imperfecciones, como una diminuta cicatriz o un cabello un poco rebelde. ¿Cómo de lejos nos llevarán estas nuevas técnicas de animación?

Síguenos en las redes sociales

Diseño web: Ensalza

Esta web utiliza las cookies _ga/_utm propiedad de Google Analytics, persistentes durante 2 años, para habilitar la función de control de visitas únicas con el fin de facilitarle su navegación por el sitio web. Si continúa navegando consideramos que está de acuerdo con su uso. Podrá revocar el consentimiento y obtener más información consultando nuestra Política de cookies

Los ajustes de cookies de esta web están configurados para "permitir cookies" y así ofrecerte la mejor experiencia de navegación posible. Si sigues utilizando esta web sin cambiar tus ajustes de cookies o haces clic en "Aceptar" estarás dando tu consentimiento a esto.

Cerrar