El cabello durante la quimioterapia

La quimioterapia y la radioterapia provocan la caída del cabello. Esta pérdida se produce como reacción directa a los tratamientos oncológicos, que provocan el llamado efluvio telógeno. Este fenómeno consiste en que el cabello varía su ciclo de vida, que se compone de tres fases (crecimiento, reposo y caída), y pasa de la fase de crecimiento a la de reposo. En consecuencia, cuando el pelo se cae no crece otro en su lugar, sino que la zona queda despoblada de cabello.

La alopecia inducida por quimioterapia se considera un problema temporal, pues es habitual que el pelo reaparezca entre 3 y 6 meses después de superar el tratamiento. En 6 de cada 10 casos el pelo puede sufrir algunas modificaciones en su color, grosor y forma. Lamentablemente, no se puede decir lo mismo de la alopecia provocada por radioterapia, pues si el tratamiento ha sido agresivo, el folículo piloso habrá quedado destruido y no podrá volver a realizar su función. En estos casos sí hablaríamos de alopecia irreversible. No obstante, la alopecia permanente no ocurre siempre, pero sí mucho más a menudo que en los tratamientos con quimioterapia.

Mujer tras una sesión de quimioterapia

Consejos para el cabello antes de iniciar la quimioterapia

Una vez iniciado el tratamiento, bien sea quimioterapia o radioterapia, la caída del cabello es fulminante. Tras la primera sesión se suele perder un mechón de pelo, pero para la segunda la caída es mucho mayor. El cabello desaparece en 2 o 3 semanas. Por eso es importante llevar tomada la decisión antes de empezar el tratamiento: ¿qué se puede hacer con el cabello? Hay dos opciones: dejar que el cabello se caiga solo o cortarlo.

En realidad no es una decisión difícil entre dos situaciones con sus ventajas y sus inconvenientes: una de las dos soluciones tiene muchas más ventajas que la otra. La caída drástica del cabello conlleva una serie de inconvenientes, como encontrar cabello en la almohada o que se desprenda al lavar la cabeza, pero el problema principal es más serio: la imagen cambia drásticamente sin que la persona tenga control sobre esta alteración. Y esta falta de control sobre el cambio afecta notablemente a los pacientes de tratamientos oncológicos. La pérdida del cabello entristece al paciente pero es la sensación de impotencia ante el cambio lo que mina la confianza del paciente, que nada puede hacer. O sí, y aquí está la gran ventaja de escoger una opción sobre otra: al cortar el cabello voluntariamente, es el paciente quien decide cambiar su imagen, no el tratamiento.

El fin será el mismo, la pérdida del cabello, pero que sea el paciente quien inicia el proceso marca importantes diferencias.

Mujer con alopecia oncológica

Otra razón para cortar el cabello antes de iniciar el tratamiento tiene que ver con acortar el proceso de cambio y, sobre todo, con acortar el tiempo que va a pasar el paciente viendo el avance gradual de la pérdida de cabello. Al cortar el cabello, el cambio de imagen se produce rápidamente: se pasa de tener cabello a no tenerlo. Dicho y hecho. La otra opción es perderlo cada día: mirarse al espejo y comprobar que con cada vistazo a la cabellera hay una nueva calva.

Cortarse el cabello antes de iniciar el tratamiento otorga al paciente un papel decisor sobre cómo va a afectar el tratamiento a su imagen. Puede parecer un detalle sin importancia, pero empezar el tratamiento con la confianza que otorga tener este papel de control es un acicate que puede marcar la diferencia.

La imagen durante el tratamiento

No es frecuente encontrar pacientes de quimioterapia o radioterapia que muestran sus cabezas desnudas. De hecho, lo habitual es que se oculten, bien con prendas, como pañuelos y gorros, o bien con pelucas. Cada cual tiene sus razones para esconder su cuero cabelludo, pero hay una que es común a todos los casos: sin cabello, el cuero cabelludo queda expuesto a los elementos. El sol le daña, al igual que el frío, y los cambios bruscos de temperatura tampoco le hacen bien. Por eso es fundamental protegerlo.

Como hemos dicho, existen varias opciones. Los gorros son especialmente útiles en invierno, pues tejidos como el algodón o la lana ofrecen protección al tiempo que son delicados con la piel. No todos los gorros valen, así que habría que consultar antes de comprar.

En cuanto a los pañuelos, están indicados para temporadas de entretiempo o de calor, así que su función no es tanto proteger de la temperatura como hacerlo de los rayos del sol. Hay una amplia gama de pañuelos adaptados a las condiciones del paciente oncológico: materiales diversos, formas ya preparadas y fáciles de colocar, modelos con adhesivos para asegurar la fijación e incluso pañuelos con mechones de cabello.

Otra opción son las pelucas oncológicas, accesorios especialmente diseñados para garantizar la fijación y, al mismo tiempo, una imagen natural.

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