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¿Qué me conviene: peluca IMD, sistema de integración o microinjerto capilar?

A la hora de escoger una solución para un problema de alopecia, es importante plantearse algunas preguntas, y probablemente una de las más importantes sea precisamente la que lleva por título el post de hoy. Pero además de hacerse preguntas, también hay que valorar de qué posición se parte para afrontar el problema de alopecia, es decir, qué cantidad de pelo tenemos y cuál es su aspecto.

En el post de hoy uniremos las preguntas y las reflexiones para que aciertes seguro a la hora de escoger cómo recuperar tu imagen.

Lo primero que hay que hacer es entender que los tres métodos de los que hablaremos hoy son soluciones. Es decir, no son medidas preventivas dirigidas a ralentizar la caída del pelo. Son la respuesta a una situación de pérdida de cabello. Sin paliativos. Esto significa que si la alopecia no se ha desarrollado hasta un punto decisivo, estas soluciones no deberían usarse. ¿Quién te dirá hasta qué punto ha avanzado la alopecia? Sin duda, tu dermatólogo. Consúltale antes de tomar ninguna decisión.
Con esto claro, entremos en materia. Empecemos con explicar qué es cada solución.

Tres soluciones válidas y diferentes

Microinjerto capilar

El trasplante capilar (microinjerto) es una operación sencilla que consiste en extraer folículos pilosos de una parte concreta de la cabeza del paciente, que suele ser la nuca, pues allí el cabello crece más fuerte y suele abundar hasta las últimas fases de la alopecia. Tras su extracción, estos folículos pilosos se injertan en la zona necesitada. Dicho de otro modo: se traslada cabello sano de una zona con cabello a otra sin cabello.

Los resultados son muy satisfactorios, pues el cabello empieza a crecer en zonas donde ya no lo hacía, y normalmente con las mismas características que tenía antes que el paciente sufriera alopecia.

Sistema de integración capilar

El sistema de integración capilar o prótesis capilares es una malla a la que se cose cabello natural. Es una solución muy efectiva cuando se quiere aumentar el volumen capilar o disimular una pérdida localizada.

El cabello de los sistemas de integración capilar tiene las mismas características que el del paciente, así que la imagen resultante es realista y la malla, indetectable.

Peluca IMD

Bien sean de cabello natural o de pelo sintético de la más alta calidad, las pelucas IMD ofrecen a los pacientes de alopecia el control total sobre su imagen. Pueden prepararse a petición del cliente con las características exactas que éste pida, así que el resultado es siempre satisfactorio.

Factores a tener en cuenta para escoger la solución

Hablaremos de tres factores para valorar entre soluciones: presupuesto del que se dispone, tiempo en que se quieren ver los primeros resultados y grado de control que el paciente quiere tener sobre su propia imagen.

Empecemos por el presupuesto. Sin duda, las pelucas IMD y los sistemas de integración capilar son mucho más asequibles que el microinjerto capilar. La diferencia es natural, ya que el microinjerto requiere de una operación quirúrgica con su propio personal especializado y el uso de dispositivos de última generación. Si el factor económico es decisivo, la mejor solución estará entre las pelucas IMD y los sistemas de integración capilar.

Hablemos del tiempo. De nuevo, hay una clara diferencia entre el microinjerto y la pareja peluca-sistemas de integración capilar. En este último caso, el tiempo en que el paciente tarde en recuperar su imagen depende de lo que se demore la fabricación de la peluca o el sistema de integración capilar. Puede suceder que este periodo llegue a unas pocas semanas, pero sólo en casos extremos en los que el paciente tenga unas demandas muy, muy concretas sobre el tipo de cabello, color o materiales utilizados. Por otro lado, el microinjerto capilar ofrece tiempos de espera mucho más dilatados. Aún con el FUE robotizado, un sistema de microinjerto de última generación que está disponible en IMD, el periodo mínimo para ver aparecer los primeros cabellos es de unos tres meses. Si el paciente tiene prisa, parece que la opción está clara.

Por último, hay que hablar del grado de control del paciente sobre su propia imagen. Este factor tiene truco. Si nos limitamos a ese grado de control, entonces la peluca y el sistema de integración efectivamente dan más margen de maniobra al paciente, quien puede escoger color, textura del cabello, peinado. Es más, si quisiera, incluso el paciente podría cambiar de imagen en cuestión de segundos simplemente poniéndose otra peluca. El control es total.

Pero hablemos de la parte secundaria del control de la propia imagen, que tiene que ver con la identidad. A diferencia de la peluca o el sistema de integración capilar, en un microinjerto el cabello resultante es del propio paciente. Es su pelo, y esa sensación no se puede conseguir con las otras soluciones, por muy realistas que sean, y lo son. Así que este factor, el del control de la imagen, plantea un debate más que interesante al paciente de alopecia. Las opciones de la peluca IMD y el sistema de integración capilar son más asequibles y rápidas, pero el microinjerto tiene esa ventaja de hacer crecer el propio pelo.

Entonces, ¿cuál es la mejor solución? Esa respuesta sólo te corresponde a ti.

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El cabello en Roma

El cabello era muy importante en Roma. Plebeyos y patricios, aunque especialmente estos últimos, invertían mucho tiempo y dinero en mejorar el aspecto de sus cabellos. Era cuestión de estatus y porte. En el post de hoy hablaremos del cabello en uno de los imperios más importantes de la historia.
coliseo Roma
Cuando pensamos en Roma, es posible que nos vengan rápidamente a la cabeza figuras como Rómulo y Remo, Julio César o Marco Aurelio. Todos ellos fueron romanos, aunque de los gemelos, especialmente de Remo, hay ciertas dudas todavía. Sin embargo, hay decenas de años entre unos y otros. Rómulo fue el primer rey de Roma, además de su legendario fundador, allá por el siglo VIII a.C., un periodo denominado Monarquía romana. Después vino la llamada República romana, que duró desde el siglo VI a.C. hasta el I; en los últimos años de este periodo es donde entra Julio César. Marco Aurelio perteneció al periodo conocido como Imperio romano, que se mantuvo en pie entre los siglos I y III, para decaer finalmente a partir del siglo IV. El fin del Imperio romano de occidente, lo que rápidamente relacionamos con las imágenes habituales de Roma, se fecha en el 476 d.C. La parte oriental del imperio, lo que se denominó Imperio bizantino, se mantuvo en pie hasta bien entrado el siglo XV.
Verás que hablamos de más de 1.000 años de historia.
A pesar de esta horquilla de tiempo, la importancia que los romanos concedían a su cabello fue siempre notable. Cambiaron los peinados, al principio había que huir de las barbas –ellos– y de las melenas –ellas–, pero con el tiempo los estilos se volvieron más diversos. Eso sí, al principio los romanos no se cortaron en continuar con los estilos que ya se habían popularizado entre las clases altas griegas.

Alopecia, mal. Melena, también

Si algo había que molestara a los patricios de vidas tranquilas era la alopecia, tanto en sus fases iniciales como en las terminales. La falta total de cabello era sinónimo de poca hombría. Entre las soluciones para disimularla estaban los peinados con truco, como el todavía en uso estilo “cortinilla”, los tintes (las canas tampoco eran bienvenidas), ungüentos imaginativos y pintarse el cuero cabelludo. O trucos más ingeniosos, como la legendaria corona de laurel de la que Julio César nunca se separaba y servía para disimular sus carencias capilares.
Julio Cesar
¿Si la falta de pelo era preocupante, la larga melena era entonces deseable? Rotundamente, no. Las greñas eran propias de la barbarie, así que estaban prohibidas entre los ciudadanos respetables de Roma. Y también entre las mujeres: durante siglos no hubo una sola mujer que no se mostrara en público con un recogido.

Peinados romanos

Lo que hoy entendemos por peinado romano, que resulta de peinar el cabello hacia la cara y crear un flequillo desigual cuyos mechones se distinguen unos de otros por su forma de lengua, es una simplificación de las muchas variantes que desplegaban los peluqueros de la época. Su herramienta principal no eran tanto las tijeras, algo rudimentarias, como el llamado calamistro, un hierro que se calentaba al fuego y servía para crear bucles en el cabello. Como los griegos, cuyos dioses nunca peinaban cabellos lisos, los romanos amaban los rizos y no dudaban en acortar la vida de sus folículos pilosos sometiéndolos al hierro abrasador. (El resultado no es una sorpresa: coronas de laureles para todos)
En cuanto a las mujeres, los bucles también eran muy habituales. Como no se podía llevar el pelo largo, y cortarlo al estilo masculino estaba prohibido, los recogidos fueron la mejor solución. Trenzas, moños y recogidos varios con pasadores y cintas, y a veces todos a la vez, fueron tan habituales que hoy podemos ir a una peluquería y pedir una versión modernizada de un clásico peinado romano, aunque, eso sí, quien nos atienda quizá apuntille con un “Ah, sí, un peinado griego”.

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